¿Te acuerdas del que fue dueño de la bodega hasta que se la expropiaron en el 68 cuando la «ofensiva revolucionaria»? Hay un runrún de que a su nieto le arrendarán próximamente esa esquina a raíz de la «necesidad de modernizar, de actualizar el comercio minorista del país». Ya oí a la vecina ironizando con que son síntomas de la «ofensiva contrarrevolucionaria».
El control sobre el espacio y el tiempo son los que le sugieren al poder la estructuración de la posibilidad de crear un espejismo a modo de esperanza. Así se comporta el poder de la ideología comunista: porque su pretensión es la de ser omnímodo, infalible, inexpugnable y omnisciente; y así continuará comportándose. Lo único necesario es aprender a conocerlo, para definitivamente tomar conciencia de que ¡jamás! nada bueno ha de esperarse de él.
La historia no promete una salida sencilla. En Europa del Este hicieron falta dos condiciones: una fractura interna del poder y una sociedad civil organizada. Ninguna existe hoy en Cuba, y el bloqueo no las crea. No divide a una élite que es una familia, y una sociedad sin electricidad, transporte ni espacio público difícilmente se organiza, más bien se dispersa.
El verdadero desafío que enfrenta Cuba no es meramente administrativo o financiero; es, en su núcleo más íntimo, un desafío educativo y antropológico. La recuperación de una convivencia social pacífica y constructiva en la isla será imposible sin una transformación radical que devuelva a la educación su autonomía, pluralidad y capacidad de fomentar el pensamiento crítico.
Una Cuba democrática tendrá que aprender a vivir después de la Revolución sin necesitar vivir permanentemente contra la Revolución. Si el nuevo orden solo pudiera definirse por su oposición al anterior, el pasado continuaría gobernando el presente, aunque lo hiciera bajo un signo inverso.
Más allá del balbuceante rumbo de las 176 medidas, los representantes de GAESA agitan su suculento mazo de zanahorias (minerales estratégicos; turismo; puerto del Mariel y otras radas importantes al Atlántico y El Caribe; mano de obra calificada y barata,; infraestructura por reconstruir) ante las fauces hambrientas de Trump y sus amigos. ¿Será recibido por un Castro, o un castrista, en su prometida visita a Cuba siendo presidente?
En las incalificables condiciones de precariedad en que se desenvuelve la vida cotidiana, en medio ―además― de absurdas contradicciones y del total desconocimiento de las más elementales demandas ciudadanas, la información oficial dibuja un panorama para la realización de la principal actividad de cualquier nación, como es la educación de sus ciudadanos, que, una vez más apuesta por el triunfalismo.
Si nuestras miserias provienen de un daño social compartido que nos ha quebrantado el espíritu y parte de nuestra esencia, y si ese daño continúa siendo validado por los cubanos de la Isla y la diáspora, entonces el destino de nuestra nación quedará indefinidamente en manos de supuestos salvadores que decidirán por nosotros. Si no estamos antropológicamente rotos, ¿qué hacemos con todo lo que sí está roto?
Las consignas de la «nacionalidad oprimida» y la «autodeterminación» no fueron bien acogidas por la población. Ello no solo fue así en Cuba; en ninguna parte surgió algún territorio autónomo. El PCC parece no haber comprendido la dialéctica de lo racial-clasista-nacional.
El 27 de noviembre de 2020, un grupo de artistas, intelectuales y periodistas independientes protestó frente al Ministerio de Cultura de Cuba, en La Habana. Durante horas, sin violencia, exigieron respuestas tras el brutal desalojo de catorce personas, ocho de ellas en huelga de hambre, de la sede del Movimiento San Isidro (MSI). Fue un gesto insólito en décadas: ciudadanos reclamando, a la vista pública, su «derecho a tener derechos».
¿Qué revela el Programa de Gobierno sobre el rumbo de la economía cubana? ¿Es viable este plan económico o es más de lo mismo? ¿Qué impacto tendrá en la vida de los cubanos? ¿Puede detener el deterioro económico o agudizará la crisis? Los economistas Mauricio De Miranda, Pedro Monreal y Pavel Vidal, en un espacio moderado por José Manuel González Rubines, analizan el nuevo Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía.
"Un apagón en el país es una condición clarísima de parálisis de todo el sector productivo y del sector de los servicios. (...) Hasta ahora las medidas han sido parches para resolver una situación inmediata y así no se resuelve el problema", asegura el economista Mauricio De Miranda Parrondo, codirector de CubaXCuba - Laboratorio de Pensamiento Cívico.
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El presidente Miguel Díaz Canel, al patrocinar hace poco el paquete de medidas presentadas como una posible mejora de la situación material, expresó que lo primero a salvar es la revolución. En esto no puedo estar de acuerdo, pues los procesos sociales se acometen para beneficiar a los sujetos, no al proceso en sí. Debemos preguntarnos: ¿todavía estamos en una revolución? ¿Es posible vivir en una revolución infinita?